lunes, 26 de mayo de 2008

Ir al cine / mirar TV . Un artículo de R. Barthes

ROLAND BARTHES
Salir del cine

Del libro Lo obvio y lo obtuso, Imágenes, gestos, voces (Paidós Comunicación, Barcelona 1992)

¿Qué quiere decir la "oscuridad" del cine (nunca he podido evitar al hablar de cine, pensar más en la "sala" que en la "película")? La oscuridad no es tan sólo la propia sustancia del ensueño (en el sentido pre-hipnoide) del término); es, también, el color de un difuso erotismo; por su condensación humana, por su ausencia de mundanidad (contraria a la "apariencia" cultural de toda sala de teatro), por el aplanamiento de las posturas (muchos espectadores se deslizan en el asiento, en el cine, como si fuera una cama, con los abrigos y los pies en el asiento delantero), la sala cinematográfica (de tipo común) es un lugar de disponibilidad, y es esa disponibilidad (mayor que en el ligue), la ociosidad del cuerpo, lo que mejor define el erotismo moderno, no el de la publicidad o el strip-tease, sino el de la gran ciudad. En esta oscuridad urbana es donde se elabora la libertad del cuerpo; este trabajo invisible de los afectos posibles procede de algo que es una auténtica crisálida cinematográfica; el espectador de cine podría hacer suya la divisa del gusano de seda: Inclusum labor illustrat; justamente porque estoy encerrado trabajo y brillo con todo mi deseo.

En esa oscuridad del cine (oscuridad anónima, poblada, numerosa: ¡qué aburrimiento, qué frustración la de las llamadas proyecciones privadas!) yace la misma fascinación de la película (sea ésta la que fuere). Evoquemos la experiencia contraria: en la televisión, aunque también se pasan películas, no hay fascinación; la oscuridad está eliminada, rechazado el anonimato; el espacio es familiar, articulado (por muebles y objetos conocidos), domesticado: el erotismo (digamos mejor la erotización del lugar, para que se comprenda lo que tiene de ligero, de inacabado) ha sido anulado: la televisión nos condena a la familia, a convertirse en el instrumento del hogar, como lo fuera antaño la lar, flanqueada por la marmita comunal.

6 comentarios:

Diego LEVIS dijo...

COMENTARIO ENVIADO POR GUILLERMINA ENQUIN

La luz impone una imagen y la oscuridad expone a la esencia.
Creo que la oscuridad de la sala del cine, del espacio familiar o de una proyección privada no es otra cosa que la preparación del ser, para lograr una percepción sensible más que una visión superficial.
Mi punto de vista se basa en lograr esa percepción. No contemplo”ir al cine” como una actividad, ni social, ni doméstica. Me gusta el cine, pero sin embargo, no me gusta ir al cine debido a que no puedo en ese contexto, que tanto realza Barthes, lograr esa percepción.
No me alcanza esa oscuridad para sentir, ni la ausencia de mundanidad ni la libertad del cuerpo. Tampoco creo que el espectador de cine, en una función, desarrolle algún tipo de “metamorfosis” comparable a la del gusano de seda; si así fuera no tendría inconvenientes de ir y disfrutarlo.
Mi rito de ver cine esta condicionado por la variable gente, no puede haber nadie más que yo. Esto implica que el lugar en donde vea la película sea privado, no importa cual sea. No coincido con Barthes en que la experiencia contraria a ver el cine de la forma que el lo expone, tenga en sus características ausencia de fascinación o de erotismo.
En mi rito, la oscuridad no esta rechazada, si no que tiene un valor mucho mas significativo que técnico y con respecto a la erotización de lugar, cambio personas desconocidas por muebles y objetos conocidos, en última instancia los objetos no hablan y si molestan se puede correrlos de lugar.

Anónimo dijo...

Estoy deacuerdo y coincido plenamente con lo que comenta Barthez, la sensacion de la sala vacia y el momento en que la luz empieza a apagarse es unico es un cosquilleo en el cuerpo q para aquel futbolero se puede comparar con salida de tu equipo a la cancha.
La ceremonia de entrar a la sala, acmodarse en el centro de la platea, siempre un poquito mas a delante, rezar q no entre nadie, ver que todo este acomodado, q la pantalla no este rota, relajarse y mirar 20 veces el reloj deseando q apaguen la luz de una vez por todas y en ese instante volar, abstraerce del mundo real y comenzar a hacer carne la pelicula.
Y una vez q todo termina lamentarse por el tiempo q paso por ya haber visto eso q tanto tiempo esperamos y q en un par horas pasó, termino y yo como espectador jamas voy a poder vivir nuevamente esas hancias de ver "esa" pelicula.
Todos estos sentimientos se pierden por completo en el hogar mirando la pelicula en la tele, primero porque es uno quien decide cuando va la pelicula y apaga la luz o sea q ya salteamos el nerviosismo de la espera y la incertidumbre del cuando sera... luego porque por mas que apaguemos todas las luces bajemos todas las persianas, cerremos todas las cortinas luz siempre entra y esa luz nos hace ver los adornos q hay sobre la tele, el frutero medio lleno, la maraca en forma de oscar q esta en el mueble de la tele en homenaje al cine, y siempre pero siempre, o suena el telefono y te tenes q disculpar con algun amigo y decirle q lo llamas mas tarde o suena el timbre con alguna visita q por mas q despues puedas volver a sentarte a ver la pelicula nunca va a ser lo mismo.
Por eso la oscuridad y la soeldad del cine son parte fundamental de la apreciacion y son ritos ineludibles en cada funcion, que crean un aura en mi, digna de un orgasmo cinefilo.

Anónimo dijo...

COMENTARIO ENVIADO POR MATIAS BASCO
Yo creo, a diferencia de Barthes que afirma que la fascinación de la película yace en la oscuridad del cine, que la verdadera esencia de la sala de cine es el sentimiento de pertenencia, de "comunidad". Me refiero a cuando se crea esa reacción homogénea, ese sentimiento de pertenencia con el público cuando todos ríen al unísono o se percibe esa tensión que se corta en el aire.

Hitchcock veía al cine como una sala llena de butacas que había que llenar, y yo coincido con esto ya que el ambiente lo crea la gente y no la oscuridad que es solo un elemento para apreciar mejor la película, ya que he asistido a cines al aire libre, casi sin oscuridad y uno como el público estaba tan atento a la película que no se daba cuenta si estábamos en una sala totalmente a oscuras o en un plaza con una pequeña brisa de verano

Anónimo dijo...

La oscuridad de la sala es indispensable porque esto hace que fijemos la atención en la pantalla. Esta oscuridad nos otorga un ambiente íntimo en un lugar público.
Yo creo que en la sala se respira otro ambiente. He visto películas en el cine que me fascinaron, pero al verlas en mi casa me decepcionaron.
En la sala te podes concentrar en la película. Pero cuando estamos en nuestras casas, por distintas razones, te desconcentrás y perdés varias situaciones que el director crea para alterar nuestros sentidos.

Anónimo dijo...

La oscuridad del cine genera el ambiente, sabes que estas ahi para ver esa pelicula. La atmosfera se mantiene durante la duración de toda la proyección, en cambio en la casa se pierde parte de la magia.

Anónimo dijo...

A ver, tanto el espacio fisico del cine, como el de nuestras casas (vecinas, propias, prestadas, etc) implican comodidades que favorecen tanto a uno como al otro.
En una sala de cine, en cuanto al audio y la vision, desde el vamos, sabemos que superan ampliamente al que podes llegar a tener en tu casa (OBVIO que si tenes un cine privado en tu casa como el papa de carolina facciuto o un sistema de sonido de p#$%&/ madre no vale jaja).
En nuestras casas, si bien nos llaman por teléfono, o nos tocan timbre (en mi casa por lo menos, pido encarecidamente que el que esté, atienda), sabemos que podemos ir tranquilamente al baño, (vaaaaamos chicos, no me van a decir que estan en una parte culminante de la película y les esta explotaaando la vejiga y dicen: un poquito maaas, ahora voooy, un poquito maas...y de repente les están pasando los títulos, salen corriendo al baño, antes esquivando a las 20 personas que tienen al lado, porque claro, se les ocurrio sentarse jusssssto en el medio de la fila para ver mejor y cuando logran llegar, tienen que hacer cola para entrar, porque claro, como les pasa a uds, les pasa a las otras 100 personas que entraron a la sala con uds. y se compraron la coca grande porque venía con la promo de pochoclos grandes), querer fumarte un cigarrillo y no poder (más todavía cuando lo ves a Benicio del Toro disfrutar cada pitada y que suene perfecto la quemada del tabaco) o tirarte en un sillón gigante abrazado a quien sea, con aire acondicionado con muchas frazadas, o la calefacción o lo que fuere.
Como la mayoría de las veces en muchos de los textos que leo, me opongo y a la vez, avalo lo que el autor dice, este caso en particular, no es la excepcion: la atmósfera creada en el cine (la previa, el aplauso a veces desubicado o no de alguno para que empieze) alimentan a uno las ganas de prestarle más o menos atención a lo que se está viendo, lo compenetra a uno mucho más. Sin embargo, ver películas en nuestras casas, como les dije antes, implica muchas más comodidades y "privilegios" que podemos darnos. Que se yo, es una opinión más.

PD: Perdón por escribir tan desestructuradamente, es como me salieron las palabras. (Diego, ya te lo había dicho, pero escribo escribo y la verdad, que los acentos y esas cositas me las paso por alto a veces, ajajaj)
Creo que me fui demasiado por las ramas y en vez de comentar lo que me produjo el texto, comenté lo que expusieron mis compañeros, tendría que leer el texto primero, comentar después y por último, leer vuestros comentarios.

Bueno ya, punto final.